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Mercado de Productores de Plaza de España (Valladolid)

ECO viene de ECO-logía, no de ECO-nomía

Si bien las cifras son un baremo muy útil para hacer balance de éxitos y fracasos, no es menos cierto que muchas veces se usan para hacernos mirar hacia un punto que poco o nada tiene que ver con aquel al que tendríamos que estar mirando para hacer ese balance. Durante el primer trimestre del año, hemos leído múltiples artículos (todos con la misma fuente) que hablaban del éxito que supone el sello eco en nuestro país y cómo nos hemos alzado entre los primeros puestos del mundo en producción y consumo de productos ecológicos.

Por hacer un resumen y a falta de datos de 2018 aún, en 2017 España ocupaba el primer lugar en Europa en lo que a superficie de producción ecológica se refiere y el cuarto del mundo con una producción de 1.828 millones de euros y un consumo de 1.962 millones de euros, lo que supone un gasto medio por habitante de 42,2€ durante 2017 (un 16,2% más que el año anterior) que nos convertía en el décimo país del mundo en consumo de alimentos y bebidas ecológicas. España, con 41.000 operadores ecológicos, se colocaba ese año como quinto país del mundo en industrias ecológicas, siendo el primer país del mundo exportador de aceite de oliva y vino y el segundo de cítricos y legumbres (ecológico, por supuesto), con un total de exportaciones que rondan los 900 millones de euros.

Con esas cifras en la mano, es normal que la industria agroecológica saque pecho y se frote las manos. Y más con unas proyecciones que incrementan el valor de todas esas cifras en 2018 pero… ¿Qué lectura lectura se puede hacer como consumidor? ¿Dónde están las cifras que faltan?

NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE

La primera cifra que nos chirría es la de 42,2€ al año por habitante. Obviamente, no todos los españoles consumen productos ecológico y, aunque no hemos encontrado el porcentaje de consumidores habituales, sí hemos dado con el porcentaje que supone el consumo de este tipo de alimentos en España, que se queda en el 1,69% de la cuota de mercado.

Como hemos dicho antes, España produjo poco más de 1.800 millones de euros pero exportó prácticamente la mitad (900 millones de euros). Además, consumió 1.962 millones de euros. Si hacemos las cuentas, esto debería suponer que importó algo más de 1.000 millones de euros. Una sencilla regla de tres nos indica que 21,5€ de esos 42,2€ que ha gastado en alimentos o bebidas ecológicas cada español, han sido de productos que se han producido fuera de España.

¿Esto qué supone? Descuido absoluto de uno de los principales pilares de la producción y el consumo ecológicos: el km.0; producir y consumir de cercanía. Y aquí es donde entramos en el punto más importante: las Cifras -a nuestro entender más importantes- que faltan, las del IMPACTO MEDIOAMBIENTAL (o nosotros no las hemos encontrado).

ECO viene de ECOlógico no de ECOnómico y, por lo tanto, no entendemos que el éxito de la producción ecológica se mida única y exclusivamente en euros. ¿Dónde están la reducción de emisiones de CO2, el ahorro de agua o la disminución del impacto medioambiental de las prácticas agroecológicas entre la flora y la fauna? Entendemos que la rentabilidad económica es fundamental para que se haga una transición de las explotaciones agrícolas y ganaderas hacia lo ecológico pero de nada sirve si se descuida el impacto ecológico en base a criterios económicos. De nada sirve vanagloriarnos del milagro económico de lo ecológico si caemos en las mismos vicios que en la producción convencional y mantenemos las emisiones de CO2 que suponen las exportaciones y las importaciones porque seguimos dando prioridad a la economía sobre el medio ambiente como productores y no estamos siendo del todo coherentes con todo lo que queremos defender como consumidores.

Incluso hablando en términos económicos, falta el ahorro indirecto que supone respecto a la producción convencional. No hay que dejar de tener en cuenta que por cada euro que gastamos en producción convencional, hay inversión asociada a posteriori para subsanar los problemas medioambientales (contaminación de suelos, aguas, del medio ambiente…) y los problemas de salud, que no deja de estar asociada a lo que comemos.

CONSUMO INFORMADO, CONSUMIDOR RESPONSABLE

Aunque el etiquetado ecológico es bastante vago y tiene menos información que el convencional, también en lo ecológico es importante dedicarle unos segundos a ver de dónde viene lo que estamos comprando: cómo está envasado, si está producido/elaborado cerca (ojo aquí, porque puede tener el sello eco/bio del consejo regulador regional un producto elaborado con materias primas traídas desde el otro extremo del planeta –no UE– o de fuera de España -el vago UE– y en ninguno de los dos casos rara vez indica el país de procedencia) o si la empresa que lo produce usa la etiqueta ECO como reclamo de márketing y no como parte de sus valores de empresa. Lo mismo a la hora de elegir dónde comprar: no es lo mismo una gran cadena de supermercados que, busca maximizar el beneficio económico -con lo que eso supone con la relación con el productor y el precio final al consumidor- que directamente al productor o al pequeño comercio de barrio.

Nosotros, desde Aquí Eco, hacemos todo lo posible por hacéroslo más fácil e intentamos crear un directorio de información lo más completo posible sobre productores, productos y puntos de venta ecológicos de Castilla y León.


Fuentes: Agrodigital y El Sector Ecológico en España 2018 (informe Eco Logical)

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